Seguramente habrás oído varias veces hablar de probióticos y prebióticos pero, ¿sabes qué son?

De manera sencilla, te cuento. Los probióticos son las bacterias buenas que viven en el interior de nuestro organismo mientras que los prebióticos son unas sustancias que de alguna manera alimentan a los probióticos del sistema digestivo.

Tanto unos como otros son esenciales para que las bacterias de nuestra flora intestinal funcionen perfectamente ayudándonos a absorber minerales, calcio y magnesio, a reducir el colesterol, mejorar la producción de vitamina B y ácido fólico, y a prevenir enfermedades.

Para que te hagas una idea, necesitamos consumir una media diaria de 6 a 8 gramos de prebióticos para alimentar a nuestros probióticos, cifra que en la mayoría de los casos no se cumple.

Por ello, se recomienda ayudarnos de suplementos alimenticios, suplementos dietéticos y alimentos procesados, para poder llegar a esas cantidades, especialmente en periodos en los que tenemos las defensas bajas.

Si este invierno quieres decir tratar de librarte de coger algún que otro refriado, deseas sentirte activo y aumentar tus defensas, es recomendable que empieces a tomar probióticos.

Un dato importante: en nuestra flora intestinal se origina el 80% de todas las células inmunitarias del organismo encargados de generar una respuesta inmediata a cualquier “intruso” y desencadenar la producción de anticuerpos.

Marcas y formas de presentación hay muchas (cápsulas, comprimidos, sobres, líquido...) pero, en cualquier caso, antes de comprar un suplemento de este tipo, tendrás que buscar el que mejor responda a tus necesidades.

Los probióticos son generalmente bien tolerados y se pueden administrar a niños pero a pesar de ello antes de la toma de un probiótico, es necesario contemplar la hipersensibilidad de cada persona a cualquiera de los componentes del producto.

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